miércoles, 5 de octubre de 2011

Una tarde te trajo la revolución.

Una tarde te trajo la revolución
la bailabas y como un animalito laborioso
ella recorría tu sangre y dibujaba tu cuerpo
¡rosa blindada! ¡Geisha de los pobres!
y te besé bien entrada la noche

Esa noche que no hizo frío ni miedo
dormimos juntos, muy juntos
y así es como moriremos, dije
empuñando el mismo fuego
si puedo hacer que me quieras
hasta el fin de la pobreza y después

Pero llegó la mañana y te fuiste
no sin antes llenarme la boca de flores
no sin ese último beso tembloroso
que aún me muerde.

domingo, 18 de septiembre de 2011

En desacuerdo con la línea orgánica.

Cuadro de situación:
ella es dulce
y se derrama en otra piel

estado de mí:
mi cama es amarga
y eso es todo

correlación de fuerzas:
amor desarmado
hegemonía del mito de su ausencia
despliegue estéril de las ternuras de que está hecha
 mi sangre de su sangre por estas horas

fuerza subjetiva:
falta de aunquesea un pedacito mío en su corazón
la derrota de mis manos es un hecho
ya no acuden al altar de sus pechos desnudos espléndidos
ya no llegan a acariciar el cielo

no tendrá hijos míos
ahora que lo pienso
bajamar de mis fluídos
en cuerpos desmayados

esto lleva a un replanteo estratégico
negado podrido en la antesala del teatro de operaciones
operaciones al pasado al futuro de mi corazón
para extirparte combartirte expropiarte
para conspirar nuevamente contra el imperio de la muerte
sin esas pausas que no dejan de hablar de vos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Aterrizaje.

El corazón aterriza en la poesía
la poesía aterriza en la tarde
en la tierra
en los hombres
en el pueblo

y en tu cuello
como un beso

el pueblo la trabaja
el corazón la llora
la tierra la siembra

tu cuello le abre
la noche
la susurra bajo las estrellas

el viento que sacude tu pelo
una mirada del pueblo a la revolución
entre cosecha y desdicha
me aterrizan en corazón en poesía

y en tu cuello
como un pájaro
como un obrero

y te beso así
pueblo y estrella
como mas quisiera

el pueblo la trabaja
el corazón la llora
la tierra la siembra

el dolor la enciende
la prepara para la guerra.

viernes, 5 de agosto de 2011

Retato de una estudiante Chilena

¡ciegas las calles que no te han visto
correr carabineros, apedrear edificios!

¡la muerte te ha vuelto loca de furia linda, venosa!

y en esa piedra que arrojas viaja la belleza
suspendida, trabajosa, transpirante
de ella aprendes y por ella nos haces suspirar

en la plaza, en la avenida, frente al palacio de la moneda
en el almuerzo familiar, en el escritorio de estudio
explotada, agotada, yéndote a dormir,
cubriéndote el rostro con el pasamontañas,
garabateando en un papelito una luz de inocencia
te amo, te creo, a tu lado arrojo otra piedra

¿acaso te llamará por teléfono el presidente de la república?
¿tendrá fantasías contigo Strauss-Kahnn?
¿sabrán todos los perversos que los combates y a mí
me quitas la ropa, de noche
y a la mañana me explicas porqué no cabes en una cama?



domingo, 12 de junio de 2011

La Tierra se estrecha para nosotros*

La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos de nuestos miembros para pasar.
La tierra nos exprime. ¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer! ¡Ah, si fuera nuestra madre para apiadarse de nosotros! ¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas que nuestro sueño portara cual espejos!
Hemos visto los rostros de los que matará el último de nosotros en la última defensa del alma.
Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos. Y hemos visto los rostros de los que arrojarán a nuestros hijos por las ventanas de este último espacio. Espejos que pulirá nuestra estrella.
¿Adónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo?
¿Dónde dormirán las plantas después del último aire?
Escribiremos nuestros nombres con vapor teñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne.
Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje.
Aquí o ahí... nuestra sangre plantará sus olivos.

*de Mahmud Darwish, poeta palestino.


domingo, 5 de junio de 2011

retrato de una guerrillera Vietnamita

muchos poetas y artistas buscamos la belleza
y paradójicamente ignoramos

a las mujeres vietnamitas vestidas de fusil en mano
las curvas de la guerra popular en sus cinturas
los vientres que incubarán hijos libres

la danza erótica de sus piernas por la selva
los rasgos esclavos irredentos tan suaves
los gemidos a Dios en todo momento

nos cuesta reconocer que la vida
es a veces capaz de voltear de un tiro
nuestro capital acumulado de insolencia

y no tenemos perdón
y caeremos fusilados por el olvido.


lunes, 11 de octubre de 2010

Un paquete

El bar donde Henry toma whisky barato y fuma parece dibujado con tinta china. Está sentado a la ventana, lleva sombrero blanco con cinta negra. Apenas puede levantar la mirada del vaso. De su boca salen gruesos espasmos de humo. Está por largarse a escribir o a llorar.
Vive en París. Mona lo ha dejado con altura: puso en un su mano algunos dólares y un boleto para el próximo barco. "Ve y hazte un Dostoievsky. Adiós". Llegó despachado al viejo continente casi como un paquete, y le gusta pasear por las callejuelas lluviosas de la capital mundial de la literatura su moño colorado, como en carne viva, como un tajo, como la corona de un deshauciado empaquetado y jorobado. Una broma de mal gusto.
Henry sabe que no puede quejarse: ella lo liberó, le abrió las puertas de su mirada plagada de ternura y allí se zambulló aún a riesgo de embarrarse, porque desde siempre supo qué hubo detrás de esos ojos que no puede dejar de ver, aún del otro lado del océano. Va a escribir algo como "nunca supe que hay detrás de esos ojos".
Antes de Mona hubiera tenido suficiente con dormir una sola noche a la interperie. Eso está pensando cuando alza la vista y mira la calle. La libertad a la que Mona lo condujo se traducía en la insensatez con que estaba dispuesto a amar a cualquier precio. Un atizbo de paz, a veces, de vez en cuando, apenas un poco, un silencio, una imagen nueva, diferente, le despierta un sentido de la ubicación.
El resto le sigue dando vueltas. Llama al mozo, que llega con otro trago. Se dice que igual cruzaría a nado el atlántico para tocarla por lo menos otra vez. Hasta se haría cura.